De Aquí a Allá y de Allá a Acá
Migrar es parte de la historia humana La teoría de la evolución humana y de la población de las distintas regiones del planeta nos habla de las migraciones de los primeros homínidos, quienes debieron traspasar fronteras naturales para lograr adaptarse al medio y sobrevivir. Esto se comprueba más reciente con varias de las hipótesis sobre la llegada del ser humano a América, una de ellas plantea que los seres humanos cruzaron el estrecho de Bering en su caminata desde Asia hacia Norteamérica. De acuerdo con otras hipótesis (no excluyentes con la anterior), individuos del sudeste asiático migraron hacia América navegando y refugiándose en las múltiples islas que separan el Cono Sur de estas regiones. Grandes migraciones también se encuentran desde antes del inicio del calendario cristiano. Uno de los ejemplos más contundentes es el éxodo de los judíos en el año 586 a.C.; su peregrinaje en busca de la llamada “Tierra Prometida” luego de abandonar las regiones que habitaban.
De esta forma, los judíos se pueden encontrar prácticamente en todo el mundo, ya sea por migraciones voluntarias o forzadas. Es por ello que para 1993 la comunidad judía residente en el exterior sumaba los 18 millones de personas, la mayoría asentada en la Unión Soviética y Estados Unidos. A este último país emigraron los semitas europeos a mediados del siglo XIX y principios del siglo XX y los refugiados y supervivientes del holocausto, sin embargo una cifra importante –1.1 millones- también vivía en América Central y Sur en ese lapso. Echando mano al marco geográfico americano es imposible dejar de mencionar las oleadas de europeos, asiáticos y africanos hacia el ‘’Nuevo Mundo’’, un fenómeno que marca del año 1492 en adelante el carácter multiétnico y poliétnico de nuestro continente americano. En el siglo XVI, entre 250.000 y 300.000 personas desembarcaron en las costa de América pese al rigor de las autoridades españolas en la consecución de permisos para viajar a las “Indias”, ya que a los solicitantes se le exigía entre otros requisitos especificar su procedencia, oficio y limpieza de sangre. Este ejemplo también es útil para ilustrar una de las motivaciones de la migraciones de cualquier tiempo. El mayor estímulo de los colonizadores del Nuevo Mundo, más fuerte aún que el temor a cruzar el mar, fue obtener parte de las riquezas extraídas del imperio Azteca e Inca para mejorar sus condiciones de vida. Algunos pueblos han hecho de la movilización, la migración, su forma de vida. Así, su dinámica cotidiana implica el traslado constante de un lugar a otro, cruzando incluso las fronteras nacionales. Son los llamados pueblos nómadas y que encuentran su máxima expresión en los gitanos presentes en casi toda Europa. Migraciones Norte-Sur y Sur-Sur En la actualidad, el tema de las corrientes migratorias no ha perdido relevancia, por el contrario, mantiene una total vigencia y más aún, marca la cotidianidad de nuestras vidas. Todos los días los medios de comunicación hacen referencia a este fenómeno, de forma principal por la migraciones de millones de ciudadanos de casi todas parte del mundo a Estados Unidos y Europa.
Los ejemplos mencionados de desplazamientos humanos a lo largo de la historia nos dan una visión más amplia del fenómeno de la migraciones, sin embargo, no debemos pensar que los movimientos humanos sólo se dan a países desarrollados como Estados Unidos. Si bien es claro que dentro de la dinámica del conflicto Norte-Sur, las diferencias económicas y el acceso desigual a los recursos generan una lógica movilización de personas desde los países pobres (entiéndase básicamente el Sur y algunos países de Europa Oriental) a los países ricos (básicamente Europa Occidental, Canadá y Estados Unidos), también es cierto que los desplazamientos Sur-Sur son bastante frecuentes, sobre todo entre países vecinos. Costa Rica es uno de los muchos ejemplos de países receptores de oleadas migratorias a naciones vecinas. Por ejemplo, guatemaltecos emigran a México y haitianos a República Dominicana, brasileños a Argentina, entre otros muchos casos que podríamos mencionar. Dentro de este fenómeno migratorio se pueden observar varios matices. Primero, el de aquellos que migran hacia los países del norte y en su travesía terminan asentándose en otro país tercermundista, este es un caso bastante frecuente de individuos de origen andino que en su camino hacia Estados Unidos se establecen en algún otro país. Segundo, el que se establece por la dinámica lógica del espacio fronterizo próximo. Este es el caso de migrantes brasileños en Argentina, que por carencias laborales pasan la frontera y consiguen algún tipo de remuneración en el norte argentino, principalmente como volteadores de madera. Tercero y muy similar a la anterior, es la convivencia que se da entre lo que podríamos llamar microestados. En general, es la relación que se da entre los países centroamericanos y las islas del caribe.
Estos tres tipos de migraciones sur-sur básicamente se generan en la actualidad por razones de orden económico, aunque es importante señalar que en muchos casos la dinámica expulsora se debe a razones políticas y de violencia institucional o militar, como los casos de Colombia, Ruanda, Medio Oriente y Liberia. El desdibujamiento de las fronteras
Ante la necesidad de estas transformaciones, los gobiernos locales se han visto envueltos en nuevas estrategias para replantear su papel como entres directrices del proceso social: viejas políticas con nuevo rostro, desmantelamiento del viejo orden, reducción del Estado, transnacionalización de la economía, etc. Son los tiempos del neoliberalismo, aparente única salida y camino hacia un tren con ruta indefinida. Este neoliberalismo se plantea como el gobierno del mercado, donde la "mano invisible" se encarga de la distribución de la riqueza y la resolución de los conflictos materiales: la llamada "democratización de la economía".
Es por esto, que la transición de una fase a la otra conlleva siempre ciertos problemas que son solventados o manejados de forma diversa. Dentro de este replanteamiento es más bien el Estado quien obedece al mercado y no viceversa, y precisamente el mercado busca una globalización de la economía, una formación de bloques, lo cual implica cambios a nivel político. En este sentido, el valor de protección que tenían las fronteras en el pasado se disuelve, más aún en las relaciones entre microestados. Si el mercado ocupa mano de obra, a éste no le importa de dónde se obtenga, lo que le interesa es satisfacerla. Si al mercado le interesan mercados más amplios, entonces se firman tratados de comercio y promulgan leyes que tienden a brindar una plataforma de similitud entre diferentes estados. En la sociedad de mercado, la política va rezagada a los cambios que surgen a nivel socio-económico. En esta dinámica social, el mercado funge como el centro. Esto permea todos los aspectos de la vida social. Predomina lo privado sobre lo público, el Estado pierde rangos de acción y se vuelve cada vez más un gendarme del orden neoliberal. La óptica del mercado fomenta el individualismo y el consumo. Los ideales de justicia social y libertad dan paso a otro tipo de preocupaciones más cotidianas como la seguridad y el consumo.
Desde esta perspectiva se puede observar como las motivaciones migratorias de un país a otro han variado históricamente. Se migra no solo para satisfacer las necesidades básicas, se migra para formar parte de una sociedad donde el consumo es cada vez más importante. Se migra para satisfacer a un mercado que busca flexibilizar la mano de obra y el trabajo intelectual. En el mundo actual no sólo los capitales y las industrias se internacionalizan, también la fuerza laboral, que, al fin y al cabo, son grupos de seres humanos que se des y reterritorializan en un duro proceso personal y colectivo. |



