Situación general del desarrollo turístico panameño
|
Los panameños de todos lo sectores sociales y políticos, alientan grandes esperanzas con respecto a la potencial contribución del turismo, en la generación de empleo y la reactivación económica del país. Sin embargo, si no se introducen cambios significativos en el accionar de todos los actores involucrados, el turismo se puede convertir en una oportunidad perdida.
Durante 1999, el turismo creció a escala mundial en un 4.3 %. Se contabilizaron 666 millones de viajeros, los cuales produjeron un gasto global de 456.000 millones de dólares. Sin ir más lejos, en ese año Costa Rica recibió poco más de un millón de visitantes que dejaron cerca de 1.000 millones de dólares; el turismo creció en un 14%, más de 3 veces que el promedio mundial. Desdichadamente las noticias de Panamá no son tan halagüeñas. Los empresarios han informado que la oferta está creciendo mucho más que la demanda: los hoteles se encuentran semi vacíos. Diversas interpretaciones se han ofrecido para explicar esta situación, pero existe total coincidencia en que el problema no se debe a la falta de atractivos. Para seguir mencionando a Costa Rica, el 70 por ciento de los turistas llegaron a ese país en 1999 en busca de playa y mar, y cerca de la mitad de los vacacionistas realizó caminatas por senderos o practicó la observación de flora y fauna, y otras actividades de ecoturismo. ¿Quién puede dudar que Panamá dispone de mejores playas y de más abundante y diversa riqueza natural?. La diferencia entre ambos países se encuentra en tres aspectos esenciales: el papel del Estado, la diversificación del producto y la amplia base empresarial con fuerte arraigo en las comunidades. El estado panameño, en términos generales, no ha logrado cumplir con su función de apoyar y facilitar la actividad de los empresarios. Parte importante de los recursos que debería llegar a las arcas del IPAT, se están utilizando en financiar otras actividades públicas; además, el presupuesto de la institución solo invierte una pequeña parte de su presupuesto a las actividades de promoción. Mientras que en Costa Rica el instituto de turismo dedica cerca del 50% de su presupuesto para la promoción turística internacional, los panameños destinan únicamente el 20%. Obviamente, quien no promociona, no vende. El rol del Estado, por lo tanto, debe ser reevaluado a profundidad. Es necesario "recuperar" recursos para el IPAT y reestructurar el presupuesto de la institución para orientarlos prioritariamente a la promoción del país como destino turístico; se requiere, además, una mayor participación de los empresarios en la toma decisiones gubernamentales relacionadas con las políticas y acciones relacionadas con el desarrollo del sector turismo. Otro problema, igualmente importante es la impostergable necesidad de ajustar la oferta turística a las nuevas tendencias mundiales. Panamá logró un importante nivel de especialización turismo de negocios y eventos, pero este producto ya no es suficiente para mantener el ritmo de crecimiento. Un esfuerzo especial debe realizarse para desarrollar el producto "ecoturístico" como complemento de los productos tradicionales en lo que los panameños son fuertes (obsérvese que el producto principal de los costarricenses es el tradicional "sol y playa", pero complementado con productos culturales y naturales). La diversificación de la oferta solo es posible si se apoya en una amplia base empresarial, de pequeña y gran escala. La complementaridad entre la pequeña, mediana y gran empresa es una de las claves del éxito costarricense. El 44% de los turistas que llegan al país vecino se hospeda en hoteles de cuatro y cinco estrellas; pero más de la mitad hace uso de "bed and breakfast", hostales y casas de familia acondicionadas para tal efecto. Ellos disponen de una oferta variada y al alcance de todos los bolsillos (el instituto de turismo costarricense posee un programa específico de apoyo a la pequeña empresa). Finalmente, el desarrollo turístico es realmente sostenible en la medida que exista una participación activa de las comunidades. Si los turistas que visitaron Costa Rica en la temporada alta calificaron al país con nota superior a ocho, en una escala del 1 al 10, se debió al "trato hospitalario" de sus habitantes. Pero esta actitud hacia el turista solo puede forjarse si las poblaciones perciben un beneficio directo del desarrollo turístico. No se trata solo de una cuestión "cultural". El sector empresarial y algunas organizaciones de la sociedad civil están procurando por promover estos cambios. Por ejemplo, es meritorio el esfuerzo que realiza la Organización No Gubernamental APRONAD en organizar y capacitar a las comunidades de Santa Rosa y Guayabalito, localizadas en las riberas del Río Chagres, para que puedan ofrecer paquetes ecoturísticos. Estas y otras tantas iniciativas deben recibir el apoyo directo y expedito del estado. Todo esto requiere de un cambio de estructuras, pero principalmente de mentalidad. Un cambio para el cual su tiempo ha llegado. El momento es ahora. |



